Cuando ví esta noticia en CNN, lo primero que me vino a la mente fue la escena de dos tipos tratando de ver quién la tiene más grande. No mames. Me da risa, porque de inmediato suena a chisme, todos sabemos que en el país hay pobreza, pero ahora sí se hace “público” que también existe riqueza. Yo pensaba que para Estados Unidos, México no tenía calles pavimentadas y creían que todavía andábamos a caballo.
Pero claro, como Carlos Slim es ahora la persona más acaudalada del mundo, ahora sí es noticia, y como Bill Gates ya no está a la cabeza, ahora los gringos molestos comienzan a atacar al país con cualquier pretexto. No es nada nuevo, es el síndrome del niño enojado. “No, no te doy de mi paleta y si me la quitas, bueno, al cabo que ya la chupé toda”.
La verdadera hipocresía es que un país con tantos recursos como Estados Unidos, tenga un sistema de salud tan jodido. Todavía sigo pagando dinero del nacimiento de Luba, ¡y estoy asegurado! ¡Y Ellen está asegurada”. Cuando vivía en México y trabajaba en la fábrica, no pagué un quinto en el nacimiento de Nadja. Nada. Ni un puto centavo y estuvo en un hospital bueno de Nuevo Laredo. Lo único que tenía que pagar era el pediatra, pero como el mejor pediatra de la ciudad es mi padrino, pues chingué hasta con eso.
La verdadera hipocresía es no ver la mierda en tus narices antes de señalar la mierda ajena. ¿Qué de malo tiene que Slim la tenga más grande que Gates, si a ninguno se le va a parar? —Y que conste que estoy hablando de la riqueza, no podremos detener ni una ni otra. Son sólo números. Pero claro, sabemos que a Estados Unidos, nomás la de México le hace daño —y aquí ya no estaba hablando de la riqueza.
Por cierto, vayan a ver Sicko. La vi hace como un mes y de seguro la iré a ver al cine. De verás que te pone a pensar. Supongo que quienes vivan fuera de este país no les resultará relevante, pero bien que extrañé mi seguro mexicano el pasado diciembre.










