i.
They called us a dead generation,
they told us that we wouldn’t survive
They left us alone in the maelstrom
As you can see we’re all plenty alive
We know where you are and were coming
Lets see you say that shit to our face...
ii.
¿Por dónde empezar?
Lo de ayer puede resumirse en tres palabras: ¿qué coños ví?
Hay películas raras en este mundo, y Day-Dream en concreto queda en ese puñado de inclasificables. Pero vamos a comenzar por el principio, a ver si puedo lograr eslabonar párrafos coherentes con la información que rebota en mi cabeza.
Los distribuidores siempre han sido unos hijos de puta, eso lo sabemos, y no es novedad. Para ellos, muchas veces pesa más el sabor del varo que la integridad de un producto. Si vender el cuerpo de tu mamá recién fallecida fuera rentable y no estuviese penalizado, estos cabrones tendrían negocio. OK, quizá la analogía no es la más lógica, déjame intentarlo de nuevo. Si el snuff fuera capitalizable, habría distribuidores haciendo lana. Eso es indiscutible, si crees que exagero con respecto a que la integridad les queda chica, recordemos todas las veces que los Weinstein han recortado y reeditado las películas asiáticas que han comprado, y luego salen con una mamada súper lela como, “es para acercanos más a la sensibilidad estadunidense”. ¿Sensibilidad estadunidense? ¿Existe eso? Gracias a ese “acercamiento” (o americanismo —y ya en cualquier contexto, el americanismo suena putísimo, hablando de gringolandia o hablando de algún guey que le va al América), pero decía, gracias a ese “acercamiento”, cintas como Hero, Shaolin Soccer, entre otras sufrieron alteraciones hasta en banda sonora. Eso es un ejemplo claro de que vale madre el producto, importa más cuánto me puede hacer ganar —híjole, pinche Harvey Scissorhands.
Y ese mismo “acercamiento” resulta en tanto pinche remake innecesario. Ya no mamen, si de plano no te puedes identificar con Infernal Affairs no hay pedo, pero, ¿a poco con ver The Departed ya estás del otro lado? Como si realmente todo el mundo estuviera bien compenetrado sobre la mafia irlandesa de Boston. NO-MA-MEN. Si no le entiendes a una película extranjera, y necesitas verla con actores conocidos, realmente no tienes asunto viendo esa película en primera instancia. Pero ese ya es otro asunto que trataré más adelante. Pero me acordé porque leí que a Jodorowsky le emputó el hecho de que se haya realizado este remake.
En los setentas, esto [de la metida de mano] era una práctica muy común. Distribuidores y productores con material en sus manos, siempre buscaban la forma de moverlas más rápido. Desde un sutil cambio de título (de hecho hay una película súper inocente que puede servir de ejemplo, se llama To Find a Man, es de 1972, y para venderla más rápido, le pusieron el sensacionalista, Sex and the Teenager. Todo está muy bien y lo que quieras, pero no la chinguen, esa película es clasificación PG), también cambiaban soundtrack, y en muchas ocasiones, cuando se tenía una película de esas que denominaban “sexys”, pues de plano le metían escenas porno grabadas con otros actores, nomás para usar los acercamientos. Es así como películas que duraban 90 minutos, de pronto encontrabas copias con hasta 120 minutos de duración. A veces, cuando vas a cines que pasar películas de explotación, a esto se le llama “regalo de pascua”. Nadie contaba con ese desmadre, y así me han tocado como 3 películas en el Alamo.
Pero bueno, estaba en Day-Dream, y esa fue justamente la onda con la película.
A su director, Tetsuji Takechi, se le reconoce como uno de los pioneros del pink japan, y aunque cuando lanzó Day-Dream por primera vez en Japón, la cinta fue todo un éxito, pero para su estreno en Estados Unidos, su distribuidor, decidió meterle mano a la película y filmó material adicional. Es así como Joseph Green (el genio (¿?) detrás de The Brain That Wouldn’t Die), le metió de su cosecha y terminó por completamente hacer aún más incoherente la película. Green se atribuyó el poder de agregar las secuencias quiméricas, menos estilizadas y más forzadas.
Pero ya, ¿de qué va la película? El tiempo real se desarrolla en un consultorio de un dentista donde dos personajes se conocen, y lo que empieza como una fantasía normal de que te imaginas a la mona sin ropa y acá queriendo contigo —ay, sí, no te hagas como que nunca te ha pasado—, al rato bajo los efectos del sedante, la pareja comienza a tener alucionaciones, donde se ven sometidos y torturados por el dentista en una serie de escenarios que cada vez resultan más incoherentes y risibles. Hay tortura, terapia de electroshock, y degradación sexual por mencionar solamente algunas de las variantes del menú.
Hay poco diálogo y su estructura narrativa es bastante simple. Si le quitamos todas esas escenas que Green filmó, igualmente hubiese sido difícil de entender, pero se pudo haber mantenido una pureza inalterable. Es pink, el sexo es burdo y poco excitante, hablamos de un tiempo cuando todavía se mostraba vello púbico y Japón empezaba a utilizar el sexo en exceso.
Takechi tomaría esta película años más adelante, y haría un remake donde decidiría filmar escenas hardcore.
Una de las piezas clásica de Tetsuji Takechi fue Oiran, que en Estados Unidos se estrenó con el interesante título: Prostitute, y nomás para que te des una idea de los elementos que este director manejaba, este film se ubica en el siglo XIX (es 19, por si no sabes leer romanos, en cuyo caso ignoro que haces en este blog), y trata sobre una puta que se va a vivir a los Estados Unidos luego de la muerte de su amante, donde se convierte en una puta exitosa hasta que el espíritu de su amante regresa en la forma de un lunar. Luego, encabronado el amante, toma posesión de la vagina, lo cual causa un mal rato al pene del nuevo marido de la prosti-tosti. Ni Shakespeare hubiese podido igualar estas tragedias.